domingo, 20 de octubre de 2013

La Asociación de Academias de la Lengua Española es una ficción

La Asociación de Academias de la Lengua Española: una institución ficticia


Ricardo SocaRevista Ñ 


La Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) no es sino un departamento de la Real Academia Española, por cuya iniciativa y a cuya imagen y semejanza fue creada. Por la distribución notoriamente asimétrica del poder entre el socio mayor y el resto de sus miembros, determinada estatutariamente, Asale es una entidad ficticia, que funciona bajo la batuta de su artífice y rectora. 

Como veremos en las siguientes líneas, la asociación actúa bajo un férreo control de Madrid, sirviendo así, por esta vía, a los intereses comerciales y diplomáticos del reino de España, legítimos sin duda, pero que no necesariamente habrán de coincidir con los de los otros veintiún países representados por las academias «hermanas». 

La idea de crear sucursales en América fue concebida en el siglo XIX en Madrid. Se trataría de academias «correspondientes» que funcionarían bajo la égida de la «docta casa», con el fin de rescatar algo del imperio colonial perdido que ya no se podía reconquistar por las armas. El académico Zamora Vicente1 lo explicó con sorprendente transparencia al narrar hechos de la segunda mitad del siglo XIX: 

 [...] la Academia acuerda crear Academias de la lengua castellana o española, como correspondientes suyas y a su imagen organizadas. Con tal relación, la Academia Española se propone realizar fácilmente lo que para las armas y la diplomacia ya es imposible hacer: reanudar los vínculos violentamente rotos [...]. (subrayado mío).

A lo largo de los años, la iniciativa madrileña fue rindiendo sus frutos y «la Academia Española se dispuso, impaciente, a ver el resultado de sus normas y consejos», relata Zamora. Por todas partes surgían academias correspondientes, algunas de ellas, llevadas de la mano por Madrid; otras, como la argentina y la uruguaya, por iniciativa de sus respectivos gobiernos y con carácter de «asociadas», que no de «correspondientes». 

En 1951, se creó la Asale, con unos estatutos en los que se admitía sin ambages su carácter de entidad subordinada: 
 Art. 2. Las Academias correspondientes de la Real Academia Española reconocen que esta es, por derecho propio, la llamada a dirigir esta labor colectiva de defensa y promoción del idioma castellano.

No se explica cuál sería la fuente de ese «derecho propio» ni de qué molinos de viento debería ser «defendido» el idioma castellano; se pretende que tales afirmaciones sean aceptadas a priori, sin necesidad ni posibilidad de discusión, tal como se aceptan las leyes naturales o las creencias religiosas. 

Entre las metas estatutarias de esta dispar asociación, figuraba en 1951 la muy subordinada de «colaborar con la Real Academia Española, según las instrucciones de esta, en la redacción de Gramática y Diccionario y especialmente en la recolección de los regionalismos de su respectiva área lingüística». 

Debido a la falta de entusiasmo del gobierno español y a la escasez de recursos, este esfuerzo por el control lingüístico de las antiguas colonias avanzó con lentitud hasta los años noventa, cuando se presentó una nueva realidad: la globalización de la economía ofreció a España la posibilidad de explotar con sus empresas un suculento mercado de 430 millones de hispanohablantes. Nada mejor para ello que aprovechar y reforzar la tradicional influencia cultural y de autoridad lingüística de la RAE a fin de abrir el camino a las multinacionales con sede en la Península. Con este propósito, la vieja ideología nacionalista fue reformulada mediante la promoción del discurso llamado «panhispánico», que nació arropado con ideologemas apropiados a las nuevas necesidades del reino: el español como «lengua total», «lengua de encuentro», «activo estratégico» y «lengua mestiza» Del Valle (2007:10)2

Al comienzo de la última década del siglo pasado, la alicaída Asale fue reflotada para servir como estandarte del panhispanismo y en 1997 se inauguró con fanfarria el I Congreso Internacional de la Lengua Española, como expresión institucional del nuevo papel de la Academia y sus «hermanas». 

En 2007 se aprueban en Medellín nuevos estatutos de Asale en los que se consolida el poder omnímodo de la casa tricentenaria. En efecto, en ellos se establece sin tapujos que el «presidente nato» de la Asociación de Academias será siempre el director de la Real Academia Española (art. 15) y su tesorero, un miembro de número de la institución madrileña, nombrado por la Junta de Gobierno y ratificado por el plenario de esa corporación (art. 17). 

Como consuelo, el secretario general de la asociación, cuyas tareas son colaborar con el presidente, llevar las actas, cuidar los archivos y figurar como presentador de Asale, puede ser un miembro de cualquier academia excepto la española (art. 16). 

El desbalance de poder en el seno de Asale queda aun más claramente de manifiesto en la composición y funcionamiento de su órgano rector, la Comisión Permanente, que en la práctica funciona la mayor parte del tiempo en Madrid con su presidente, su secretario general y su tesorero, es decir con tres miembros, dos de los cuales serán siempre de la RAE (art. 23).3 

Además del férreo control establecido en los estatutos, la Academia Española impone la presencia del rey de España en todos sus Congresos como símbolo solemne de su poder incontestable. En un ritual que contradice la tradición republicana de las excolonias, el monarca español es quien pronuncia el discurso de apertura y preside cada Congreso, junto con el primer mandatario del país anfitrión. La intención que está por detrás de esta liturgia dieciochesca es la misma que dio lugar en el siglo XIX al hispanoamericanismo: fortalecer la noción de que «la cultura hispánica posee una jerarquía interna en la que España ocupa una posición hegemónica»4 

De hecho, el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país es el depositario de los convenios firmados por los países miembros de Asale, tales como el Acuerdo de Cartagena de Indias de 1960. La cancillería española es también la que se encarga, como cabeza de una supuesta mancomunidad de naciones, de notificar estos convenios y acuerdos de las academias de los veintidós países ante la Secretaría General de las Naciones Unidas. 

El papel abrumadoramente dominante del socio español queda de manifiesto también en las obras académicas, cuya autoría es atribuida a la RAE y a la Asale conjuntamente, como si la primera no formara parte de la segunda. El papel de primus —aunque no inter pares— de la corporación madrileña se hace evidente asimismo en los prólogos de las obras académicas, en los que son habituales menciones como «la Real Academia Española y las demás academias hermanas...». 

Hay una única obra cuya autoría se atribuye exclusivamente a Asale: el Diccionario de americanismos (DA, 2010), concebido en Madrid hacia fines del siglo XIX, y cuya concepción expone de manera diáfana la ideología nacionalista que está por detrás del proyecto. En efecto, si la lengua española se define como pluricéntrica, cabe preguntarse cuál sería la justificación de un diccionario de tal naturaleza, cuya realización supone la existencia de una única variedad americana, presentada en los hechos como de rango inferior, subordinada a un supuesto «español general». 

Por más que se adjudique a Asale la autoría de la obra, en el prólogo se admite que las decisiones finales sobre la macroestructura se adoptaron en Madrid, donde se suprimieron algunas entradas enviadas por las academias americanas en los casos en que estas «proponían inadvertidamente la introducción de lemas que correspondían al español general». 

El domicilio oficial de Asale, según sus propios estatutos, es en la calle Felipe IV No 4 de Madrid, el mismo de la Real Academia Española. 

La presencia de la organización en la internet también es meramente ficcional: está enteramente en manos de la Real Academia. Está albergada en el servidor rae.es y tiene su dominio (nombre en la internet) asale.org registrado a nombre del funcionario de la RAE Octavio Pinillos, con correo electrónico pinillos@rae.es. Como administradora de este dominio figura la gerente de la Academia Española, Montserrat Sendagorta Gomendio, según datos públicosdisponibles en la red mundial. 

Conclusión 
La Asociación de Academias es una entidad de mentirijillas, creada para justificar la supervivencia de una supuesta mancomunidad poscolonial basada principalmente en la lengua española y orientada de acuerdo con los intereses geopolíticos de la antigua potencia colonial. Se busca así captar el vasto mercado de los países de habla española, así como el de potencias de caudalosa inmigración, como Estados Unidos, o de fuerte peso regional, como Brasil. 

Por la distribución del poder en el seno de la Asociación de Academias —fuertemente concentrado en la casa madrileñ, de cuyo vientre fue parida;a— por su historia, por su funcionamiento y por sus estatutos, se puede concluir que la Asale funciona como un departamento de la RAE, actuando de acuerdo con las intenciones y los intereses de esta que, en última instancia, son los del Estado español. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Hoy conferencia: "Las universidades digitales"

Conferencia
Las universidades digitales 
A cargo del Dr. Mirko Tavosanis
Universidad de Pisa 
Hora: 3:00 p.m. 
Lugar: auditorio "AlfredoTorero" 
(segundo piso de la Facultad de Letras de la UNMSM) 
Entrada libre



miércoles, 18 de septiembre de 2013

Homenaje peruano a Neruda: viernes 27

Expositores:
Grace Gálvez Núñez, Marco Martos, Gustavo Espinoza, Ricardo Portocarrero y el congresista Sergio Tejada

viernes, 9 de agosto de 2013

Gustavo Solís Fonseca publica libro sobre antroponimia indígena (ENTREVISTA)

«Los awajún y wampis debieran tener un DNI que contemple dos líneas de nombres: uno para el nombre acuñado en el sistema hispano y otro para el acuñado en el sistema propio», expresa Gustavo Solís Fonseca, destacado lingüista y maestro, quien en junio presentó su nuevo libro: Sistemas antroponímicos indígenas en el Perú pluricultural / Bases para el ejercicio del derecho al nombre, que cuenta con 118 páginas y tiene el sello editorial del CILA-UNMSM.

Por Grace Gálvez Núñez

¿De qué trata su nueva publicación?
A partir de  la antroponimia de tres pueblos indígenas (awajún, wampis y quechua de Apurímac) se hace constar que en el Perú una parte de los peruanos tiene dos nombres, generados por dos sistemas antroponímicos radicalmente diferentes: el sistema indígena propio y el sistema hispano impuesto por el Estado peruano.
Puede servir a los lingüistas y estudiantes de Lingüística, y al público en general.

¿Qué problemas intenta mitigar?
En primer lugar, se plantea la necesidad de que el Estado asuma la variada realidad antroponímica peruana. Aparte, hay una cuestión de derecho que se relaciona con la identidad y con el derecho al nombre, pero acuñado a partir del sistema antroponímico propio de la cultura o del pueblo implicado.
En esta perspectiva, hay reivindicación del derecho a tener más de un antropónimo. Por ejemplo, los awajún y wampis debieran tener un DNI que contemple dos líneas de nombres: uno para el nombre acuñado en el sistema hispano y otro para el acuñado en el sistema propio de antroponimia de los awajún. Esto implica el respeto al sistema propio de generación de nombres de  los individuos.
Hay un aspecto lingüístico en el estudio de la antroponimia, pues los antropónimos son emisiones lingüísticas y constituyen entidades lingüísticas de la gramática de una lengua; pero tienen también un aspecto cultural, pues son realidades de la cultura de un pueblo.
Los peruanos en general tienen en la antroponimia, particularmente en los Thesaurus de nombres, la posibilidad de escoger nombres de diversa procedencia cultural y lingüística. Cabe señalar que los nombres acuñados por los sistemas antroponímicos indígenas son altamente simbólicos y, en general, la antroponimia indígena que es altamente simbólica responde a motivaciones muy elaboradas, porque los nombres simbolizan valores muy apreciados por los pueblos con los que la gente tiene un fuerte compromiso.

¿Cómo surgió la idea de desarrollar este libro?
Surgió de dos comprobaciones casi anecdóticas. La primera, la constatación en comunidades awajún y wampis de personas con dos antroponímicos: el hispano y el propio. Más aun, la comprobación de que todos los niños awajún y wampis solo conocían sus nombres respectivos awajún y wampis, y desconocían hasta antes de entrar a  la escuela que tenían otro nombre, el hispano. En la escuela se enteraban que también tenían otro nombre: el nombre «mestizo».
Esto último fue muy sorprendente, pues cuando le pregunto a una señora: «¿Cómo se llama tú hijo?», ella no me responde, más bien aprovecha la ocasión para desaparecer del lugar de la conversación, pero retorna luego de unos minutos y me dice: «Mi hijo se llama José Samekash Tsetsen». La señora había ido a la escuela a preguntar al profesor cómo se llamaba su hijo. Pensó que debía decirme el nombre hispano. Más tarde supe que su hijo se llamaba Tsamajain, en awajún.

Esto es solo una parte de la realidad indígena.
Solo se presenta en el libro el estudio de tres sistemas antroponímicos indígenas. Imagínese que nos falta conocer más de 40 sistemas nativos... Necesitamos que los estudiosos se interesen por conocer este patrimonio cultural de los peruanos.

Bríndenos algunas palabras finales.
Como en varios otros aspectos relacionados con las  culturas indígenas peruanas, el estado  hispano es avasallador y pone en peligro la vigencia de los sistemas antropónimos indígenas. Felizmente, muchos miembros de los pueblos nativos están comenzando con fuerza a usar el léxico de nombres nativos para poner nombres a las personas, aun cuando lo estén haciendo en el sistema hispano.

La reivindicación importante es el derecho a tener dos antropónimos en el DNI, como lo están planteando algunas organizaciones indígenas.

Loreto: video busca rescatar lengua kukama

En Nauta, Loreto, no quieren que muera la lengua kukama-kukamiria. Por eso la ONG Create Your Voice y la radio local Ucamara prepararon un video para rescatarla del riesgo de extinción. El resultado: “Kumbarikira”, una canción con ritmos hip hop y tradicionales que es cantada por niños orgullosos de hablar kukama.

La canción “Kumbarikira” habla de un relato kukama, el del gallinazo, al que nadie quiere y todos rechazan. Esto se convierte en una metáfora de la realidad que vive este pueblo, excluido por muchos años, tratando de que se preste más atención a esta cultura.
El video se grabó en junio por tres semanas e incluyó talleres para la composición musical. En su elaboración participaron ocho niños.
La radio Ucamara, uno de los realizadores de este proyecto, ha asumido un papel muy importante dentro de la campaña por la recuperación de la lengua kukama-kukamiria. Desde hace un año maneja una escuela llamada Ikuari, cuyo propósito es enseñar el idioma mediante canciones y narraciones tradicionales.
Palabras como camu camu, cocona, tapir, tahuampa o icarar (cantar) proceden directamente de esta lengua. Aunque el Ministerio de Educación ha reconocido que esta lengua está en grave peligro de desaparecer, iniciativas como las de Radio Ucamara buscan salvarla.

Noruega: rapero quiere salvar idioma de extinción


Noruega: conoce al rapero que quiere salvar un idioma de la extinción

(BBC Mundo). No sólo los animales se extinguen, también los idiomas. Una manera de preservar el legado lingüístico de un pueblo es a través de la música.
En el norte de Noruega, así como de Suecia, Finlandia y Rusia, unas 20.000 personas o menos hablan sami, un grupo de lenguas de la familia urálica.
Nils Rune Utsi es miembro fundador de Slincraze, un grupo de rap de la aldea de Máze, que se ha puesto como meta salvar su idioma y su cultura, así como combatir los estereotipos sobre los habitantes de la región y enseñar a su gente a estar orgullosa de su lengua.
Utsi se interesó en la música hip-hop por su honestidad y crudeza y decidió adaptarla al sami. La BBC lo entrevistó en la ciudad de Nueva York.
Aprenda a rapear en sami -o por lo menos sepa cómo suena- en estevideo de BBC Mundo.