sábado, 25 de febrero de 2012

¿Señor o señorito?

Los documentos oficiales de la ciudad francesa Cesson-Sévigné, ya no utilizan la palabra mademoiselle, el equivalente francés a señorita. Es la segunda ciudad francesa que hace esta reforma, después de que la ciudad Renne lo hiciera en 2007. El alcalde de Cesson-Sévigné, Michel Bihan, prometió reformas hacia la igualdad de género en su campaña electoral en 2008, y dicha reforma es una de ellas.

La campaña nacional Madame ou madame busca eliminar el uso de la palabra mademoiselle en el francés por la carga discriminatoria que tiene la distinción femenina entre madame (señora) y mademoiselle (señorita), mientras los hombres siempre son titulados monsieur (señor). La distinción viene de una época cuando las mujeres pasaban de la dominación de su padre a la dominación de su esposo. Hoy en día, carece de relevancia y sentido distinguir entre mujeres por su estado civil mientras a los hombres nadie les pregunta por sus relaciones matrimoniales.

Reformas similares se han hecho en muchos otros países – en los escandinavos este tipo de títulos no son utilizados desde hace décadas, Alemania se deshizo de Fräulein (señorita) ya en 1972, y en los países de habla inglesa se utiliza generalmente el término neutro Ms en vez de Miss (señorita) o Mrs (señora). Sin embargo, en francés, como el español, se sigue insistiendo en esta distinción obsoleta.

El lenguaje y las palabras son sistemas de comunicación que reflejan las visiones y concepciones presentes en las sociedades, y éstas suelen establecer una diferencia social entre los sexos que se transmite a través de los significados asignados a las palabras, los discursos, las expresiones del habla, las imágenes y los códigos gráficos. En el español, prácticamente toda palabra tiene sexo, y el masculino es usado como el genérico universal.
Es por eso que en los países hispanohablantes hace tiempo existe el debate sobre lenguaje incluyente o lenguaje no sexista. Asimismo, hoy en día, muchos discursos oficiales comienzan con un saludo a todas y todos y no solamente a todos, para dar un ejemplo.

En 2006, la Corte Constitucional de Colombia se pronunció en una sentencia frente al uso de palabra “hombre” en leyes y documentos oficiales cuando se refiere a personas en general y no un sexo en particular, declarándolo inexequible por ser sexista y discriminador. No es que vaya a cambiar el mundo por si solo, pero uno de los aportes clave de este tipo de transformaciones lingüísticas, es que hace pensar a la gente y la concientiza sobre el lenguaje y sus significados.

En el caso de la distinción entre señorita y señora, si bien tiene sus orígenes en la división entre mujeres solteras y casadas, hoy en día no es solamente una cuestión de matrimonio, sino que se define más por otros factores que están ligados a la valoración de las mujeres. Son tales como la juventud, o la virginidad. Expresiones como se quedó señorita sobre mujeres mayores solteras, o ya no es señorita a las mujeres jóvenes con “mala reputación”, es una marca reservada para ellas sobre su vida sexual.

Todas estas atribuciones de edad, castidad, matrimonio, e incluso la promiscuidad, son irrelevantes al hablar de un hombre, pero tienen un peso social importante cuando se trata de una mujer; no por el uso de la palabra señorita sino por todo lo que se esconde detrás de estos títulos en una sociedad heteronormativa, patriarcal y regulatoria de la sexualidad.
Un lenguaje no se transforma de la noche a la mañana, pero cada paso que se dé es uno más hacia una transformación no solamente lingüística sino principalmente cultural.

El debate sobre las palabras señora y señorita todavía no se ha dado con tanta fuerza en Colombia como en Francia, pero quizás ya es hora. Aunque su uso en formularios oficiales no es tan frecuente como de pronto es en Francia, falta mucho todavía para eliminar la innecesaria y discriminatoria clasificación de mujeres por estado civil , por edad, por vida sexual, o por el criterio que se utilice, en el uso cotidiano.

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